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Posts Tagged ‘antropología’

“Tenemos un límite de amigos, no por falta de tiempo o ganas, sino a nivel biológico” Esta afirmación puede sonar extraña ya que alguien me podría debatir con un “pues yo tengo más de ciento cincuenta amigos en facebook”, o “en twitter me siguen más de doscientas personas”. Pero, ¿podríamos llegar a considerar como “amigos” a personas que no vemos en nuestra vida diaria?

El número de Dunbar es el límite de relaciones que puede tener una persona, dando un valor máximo de 150 relaciones, siempre y cuando la persona viva en condiciones especiales (ya sea por su trabajo, centro donde estudia, que viva en una sociedad pequeña, etc.). Es decir, a no ser que haya un motivo realmente importante, no estaremos ni cerca de los 50.

Pero, ¿por qué “sólo” 150?

Durante el final del siglo pasado, los primatólogos (quienes estudian el comportamiento de los primates) notaron que, tanto estos animales como los humanos, dada nuestra naturaleza altamente social; tendemos a mantener contacto con aquellos miembros de nuestro grupo social. Pero el número de miembros con los que mantenemos dicho contacto está limitado por el volumen de la neocorteza cerebral.

Esto se debe a que llegamos a un momento en el no podemos procesar tantas experiencias sociales; nuestro cerebro necesita saber quién es dentro de nuestro grupo de amigos e inconscientemente empieza a trabajar sabiendo cómo se relacionan los unos con los otros, llegando a un momento en el que esto sobrepasa nuestra capacidad de razonar. Un ejemplo básico: imagina que tienes un amigo al que no le cae bien otro amigo tuyo; deberás evitar alabar al segundo delante del primero para que éste no piense que le quieres más; y, por otro lado, deberás soportar cómo el primero critica a alguien al que aprecias.

Seamos sinceros, es algo que cansa, así que, imagínate llevar esto a una relación con 150 personas. ¿Serías capaz de recordar lo que todas te han dicho? ¿Te acordarías de que hay algo que no le has contado a alguien y el motivo por lo que no lo has hecho? O en un caso algo más extremo, ¿serías capaz de contar la misma excusa a todos ellos cuando un día te invitaron a salir y (para no decirles que preferías quedarte en casa viendo la tele tapado/a con una manta) inventaste cualquier pretexto?

Es por esto mismo que en 1992 Dunbar teorizó que un grupo con un tamaño de 150 personas debía tener un incentivo muy alto para mantenerse unidas.

Afirmó que sólo grupos bajo una intensa presión de supervivencia, como poblados de subsistencia, tribus nómadas y grupos militares, pudieron, en promedio, alcanzar la cantidad de 150 miembros. Es más, Dunbar notó que tales grupos están casi siempre cerca físicamente. Un grupo disperso tendría menos lazos, al encontrarse sus individuos de forma menos frecuente.

Por lo tanto, los grupos de 150 miembros sólo aparecerían debido a una necesidad absoluta.

Resumiendo, no podemos considerados “populares” o “importantes” sólo por tener un número de tres cifras como amigos en facebook ya que un amigo es alguien con quien mantienes una relación que involucre al menos un mínimo de confianza y obligación, una historia personal que va más allá de conocer nombres y caras.

En conclusión, no somos el nuestro número de seguidores, ni “likes” en una foto que subamos a una red social. Debemos reflexionar un momento y pensar quién sería capaz de hacer lo imposible por estar a tu lado en un día de bajón, y si tú harías lo mismo si estuvieras en su lugar, porque cuando se trata de amistad hay que recordar algo: “no importa la cantidad, sino la calidad”.

Por: Paula Sánchez Cabello, 1ºB Bachillerato 

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Sujit se creyó durante seis años que era una gallina. Vivió encerrado en un gallinero, cuando, a sus dos años,  su madre se suicidó, el padre fue asesinado y los abuelos no sabían que hacer con él debido a su epilepsia.

Comía como ellas picoteando, cacareaba como ellas y no sabía hablar.

A sus ocho años, sin hablar una palabra, le encontraron y debido a que no había en Fiji un sólo lugar para niños abandonados, lo colocaron en un asilo para ancianos, ya que nadie quiso adoptarlo.

Durante 22 años estuvo amarrado a una cama debido a su comportamiento. Hoy a sus 40 años aún lleva las cicatrices en su cintura de las sábanas con las que lo ataban al camastro.

Hoy aún sigue a veces actuando como una gallina, picoteando las paredes, sin conseguir aun dormir en una cama y se acurruca en un sillón al estilo de las gallinas. Pero ha empezado a recuperarse gracias a la ayuda de la empresaria australiana, Elizabeth Clayton, que trabajaba con  importaciones en Fiji.

A finales de 2002 el marido de Elizabeth acababa de fallecer y tuvo con Sujit uno de esos encuentros “que le cambió la vida”.
Así cuenta su encuentro con el Sujit:

“Estaba totalmente debilitado y maltratado. Había recibido golpes en la cara y tenía los dedos hinchados además de los dientes y la nariz quebrados. Cuando lo tuve delante no sabía decir si era un hombre o un niño. Su apariencia era decrépita. Las personas creían que era un salvaje”.

“Vi, sin embargo, como un brillo en sus ojos cuando me miró. No podía, a ese punto, darle la espalda”.

Primero, le visitaba en el asilo para intentar una relación mínima con él, hasta que decidió llevárselo a su casa. “Picoteaba las paredes como una gallina y no conseguía dormir en la cama. A veces me mordía, me arañaba y me empujaba, pero poco a poco conseguí que empezara a ser independiente, que se afeitara sólo, se limpiase los dientes o hiciese sus necesidades”, cuenta Elizabeth.

Aun así, cuando el chico estaba ya viviendo con ella, las autoridades locales se presentaron en su casa y se lo llevaron.

Sujit y Elizabeth en la actualidad

Clayton recurrió angustiada a la justicia. Llegó el momento del veredicto del tribunal y allí mismo tuvo lugar un instante de sorpresa y emoción. Cuando el juez estaba para anunciar sentencia negativa, Sujit se levantó y se acurrucó en los brazos de Elizabeth. Sorprendido, el juez no lo dudó, cambió de opinión y decretó que Sujit podía seguir viviendo con la nueva madre adoptiva.

Su mayor reto es que Sujit hable, que pronuncie palabras por lo menos.

Ha sido llevado a Australia donde ha sido visitado por fonoaudiólogos, patólogos, neurólogos etc. le han diagnosticado epilepsia, y aún no habla, pero ya consigue hacerse entender a  través de gestos gracias  a Elizabeth.

Aquí es donde observamos la gran falta de socialización primaria, ya que durante seis años no tuvo contacto alguno, y más debido a su “enfermedad” habría necesitado un contacto aun mayor.

No podemos descartar tampoco el hecho de que estuvo atado a una cama en un asilo durante 22 años, lo que le afectó física y psicológicamente ya que es un maltrato.

En mi opinión, aunque la labor de Elizabeth está siendo muy grande y está ayudándole mucho, dudo que logre a sus cuarenta años de edad, hablar con fluidez y menos aun leer o escribir. Todo ésto debido a lo que hicieron cuando solamente era una niño pequeño, perdiendo así esas “cualidades”.

En la actualidad, Elizabeth ha vendido toda su fortuna para crear una institución de niños abandonados que recoge en la calle y vive con ellos en comunidad.

Ana Horcajada Pisa – 1º Bach B

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Fascinante sin duda el último descubrimiento en África: el Homo naledi

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Aún sin datar, parece un paso intermedio entre los australopithecus y los miembros del género homo, quizá entre el australopithecus afarensis y el Homo habilis, o quizá coetáneo del Homo erectus, mucho más tardía… aún no se sabe.

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Australopithecus afarensis, homo erectus y homo naledi (de izqda. a drcha.)

Australopithecus afarensis, homo erectus y homo naledi (de izqda. a drcha.)

Otro breve vídeo:

Por cierto, merece la pena comprar el especial de National Geographic de este mes de octubre, completo y una joya el monográfico dedicado a los últimos 10 años de descubrimientos antropológicos:FullSizeRender

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Según vamos descubriendo, sobre todo gracias a la mejora en el estudio de los diferentes genomas fósiles y actuales, el panorama evolutivo se va complicando… pero es absolutamente alucinante. De cuatro especies, sólo quedamos nosotros, pero nos hemos llevado una parte de los demás con nosotros, aunque no todos… Mejor, lee:

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Y, acerca sólo de los europeos, este mes se ha publicado un estudio donde se ve que venimos de tres grupos diferentes:

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Lo dicho, fascinante.

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Al hilo de lo comentado en clase hoy al comentar los diferentes tipos de sociedad y los cambios que en ellas se producen, nos damos cuenta de que siempre hablamos desde la nuestra. De hecho, como tantas otras, la sociología es una disciplina occidental. Y salta a la vista que nuestra cultura o civilización es la más fuerte. Y ha sido la más fuerte. Echando un ojo  a la historia, surgen preguntas inevitables: ¿por qué esas diferencias tan grandes entre las sociedades europeas y las americanas del siglo XVI? ¿Y entre Europa y el África de la época? Un abismo cultural. La pregunta más sencilla es: ¿por qué siempre hemos vencido?

A esta pregunta trata de responder Jared Diamond cuando se la plantea un nativo de Papúa Nueva Guinea. Y,para ello, escribe un magnífico y ameno libro:

No he encontrado el libro en pdf. Sorry.

Armas, gérmenes y acero o Armas, gérmenes y acero: breve historia de la humanidad en los últimos trece mil años es un libro de investigación histórica escrito por el biólogo Jared Diamond, catedrático de Geografía y Fisiología en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), en 1997. Diamond analiza el progreso de diferentes civilizaciones del mundo y propone una explicación a la apariencia de que la cultura de Europa occidental haya llegado a ser la predominante sobre las demás. El autor ganó el premio Pulitzer por el libro en 1998. Ha sido traducido a más de 25 idiomas

De acuerdo con el autor, un título alternativo pudo haber sido: «Una corta historia sobre todos nosotros durante los últimos 13,000 años». Sin embargo, el libro no es simplemente una descripción del pasado. Es un intento por explicar las razones por las que las civilizaciones euroasiáticas, en general, han sobrevivido y conquistado a otras, y al mismo tiempo, refutar la idea de que la hegemonía euroasiática se debe a la superioridad genética, moral o intelectual de los miembros de tales civilizaciones. Diamond alega que las diferencias de poder, y en concreto en la posesión de tecnología entre las diferentes sociedades humanas, tienen su origen en las diferentes condiciones ambientales que son amplificadas por ciertos mecanismos de retroalimentación y que, si algunas diferencias culturales o genéticas nos han favorecido a los europeos y asiáticos (por ejemplo, el gobierno centralizado de China o la resistencia de los europeos a las enfermedades infecciosas), ellas mismas fueron generadas por la influencia del ambiente geográfico.

La tesis principal del autor es que Eurasia, por su mayor extensión, contenía la mayor proporción de especies vegetales y animales susceptibles de ser domesticadas; además la mayor parte de Eurasia se sitúa en el eje este-oeste donde existen pocas barreras geográficas -montañas o desiertos-, lo que permitió una rápida expansión de la agricultura. En otras zonas geográficas, el predominio de las sociedades de cazadores y recolectores provocó la desaparición de las especies animales susceptibles de ser domesticadas. En Eurasia la extensión de la agricultura y existencia de la ganadería permitían una mayor densidad de población, lo que supuso una ventaja numérica en el enfrentamiento de estas sociedades con las sociedades de cazadores recolectores.

La convivencia estrecha con el ganado dio lugar, en las sociedades ganaderas, a la exposición a gérmenes de origen animal por parte del ser humano, y la mayor densidad demográfica produjo que estos gérmenes pudieran atacar a poblaciones humanas ocasionalmente, incluso adquiriendo el carácter de epidemias. Con el tiempo, las sociedades euroasiáticas llegaron a inmunizarse relativamente contra esos gérmenes. De hecho, fueron las epidemias de enfermedades como la viruela, el sarampión, la tuberculosis, la gripe y otras, un factor decisivo en el dominio de los occidentales sobre poblaciones no expuestas con anterioridad a estos gérmenes y por tanto no inmunes, como los indígenas americanos antes de 1492.

Diamond señala que casi todos los logros de las sociedades humanas (científicos, artísticos, arquitectónicos, políticos y otros) han ocurrido en el continente euroasiático, mientras que las sociedades en otros continentes (África Sub-Sahariana, América, y Australia) han sido conquistadas, desplazadas, o, en casos extremos (como ocurrió con los indígenas de Norteamérica, Australia y Sudáfrica), fueron completamente exterminadas por fuerzas militares y políticas de las sociedades euroasiáticas. Estas ventajas tienen su origen en el dominio temprano de la agricultura poco después de la última glaciación.

A ésto habría que sumarle el desarrollo del trabajo con el hierro, muy fácilmente localizable en Eurasia, la rápida difusión de las nuevas ideas en materia tecnológica y militar. Y, si finalmente le sumamos las revoluciones científica e industrial, tenemos el mundo globalizado de hoy dominado por la cultura occidental y su tecnología. (Aquí se abriría otra ventana: por qué precisamente la cultura occidental siguió este último camino, no como China o el mundo islámico… la explicación la buscaríamos en Grecia).

Como no he podido encontrar el libro, dejo el documental basado en él (ojo, un par de horas casi):

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Uno de los momentos o períodos más apasionantes de nuestra historia (más bien prehistoria), fue aquel en el que coincidimos, convivimos y, probablemente, competimos con nuestros primos del género homo: Homo sapiens sapiens, Homo sapiens de Neandertal y Homo erectus. Bueno, y el Homo floresiensis.

Recuerda en cierto modo a ese peliculón de Sergio Leone, El bueno, el feo y el malo, en el que los tres personajes compiten durante toda la peli hasta llegar al genial duelo final, donde sólo puede quedar uno:

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Veamos cómo estaba en el panorama:

20101223elpepisoc_1_Ges_SWFComo vemos, fuimos los últimos en salir de África. Lo que está claro es que con los dos tuvimos contacto (vale, y con el hobbit, como lo llamaron también sus descubridores al H. floresiensis). Con los neanderthales se podría decir que fue una historia de amor, quizá fatal, y con el erectus algo más conflictivo, sobre todo para ellos.

Veamos quién es quién:

Homo floresiensis, el Hobbit:

A la espera de poder encontrar ADN mitocondrial, se cree que es una variación local del H. erectus. Pincha en la foto para más información:

Homo floresiensis, el Hobbit

Homo floresiensis, el Hobbit

Pincha también en las siguientes. Fascinante este homínido de sólo 350 c.c. de capacidad craneal:

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Homo erectus:

Un campeón de la adaptación: apareción hará más de 1,2 millones de años y pudo sobrevivir hasta hace unos 40.000 años. Muchos de los restos que hemos encontrado están marcados por herramientas humanas y marcas de dientes… vamos, que nos zampamos unos cuantos, vaya.

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Homo erectus (Pincha en la imagen)

Hablaba (mal), hacía fuego, se vestía, tenía herramientas… un auténtico homo, con 940 c.c. Su altura era muy similar a la nuestra y ahora sabemos también que cocinaba:

Homo-erectus

Pincha en la imagen

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Homo-erectus.

Homo sapiens neanderthalensis:

Nuestro pariente más parecido: inteligente, domina el fuego, se viste, habla, domina las armas, tiene rituales ¿religiosos?, usa adornos, ¿pinta?… muchas de estas cosas se las enseñamos nosotros. Es más, del contacto con nuestra especie, dio un salto cultural. A pesar de su mayor capacidad craneal, jamás tuvo nuestra inteligencia ni nuestro dominio del lenguaje. Desde el 250.000 a.C. hasta el 27.000 a.C.

Miradle, porque el 25% de los europeos llevamos sus genes en nosotros, hubo hibridación:

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Neandertal (Pincha en la imagen)

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Tal y como son recreados en la película En busca del fuego:

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En busca del fuego (Pincha en la imagen y podrás ver la película completa)

Hace unos 45.000 años entramos en contacto con ellos. Casi 20.000 años de convivencia en la que hubo intercambio genético. Aún no sabemos muy bien por qué desaparecieron. Es cierto que no pudieron seguir la explosión cultural que dimos hará 35.000 años aproximadamente, pero había demasiado espacio para todos… Sigue siendo una incógnita.

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Desde hace 150.000 años

Terminando con El bueno, el feo y el malo (porque no me puedo resistir a poner el duelo final), y viendo el resultado final,  podríamos decir que el malo es el Erectus, el feo el Neandertal y Clint Eastwood somos nosotros:

Para ver la foto de familia de todos los bichejos, pincha en la siguiente imagen:

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Hablemos de nuestra filogenia, de nuestro proceso de hominización: tenemos aquí un par de árboles evolutivos de nuestra especie, bastante actualizados. Como veréis, repletos de interrogaciones y siempre en revisión. Pero, absolutamente fascinantes:

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Australopithecus afarensis (Lucy) Hace unos 4 millones de años.

En este primero, muy bueno, se duda de la relación entre el Habilis y el Ergaster, entre otros muchos interrogantes:

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Más incógnitas, algunas diferentes:

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Veamos una reconstrucción de cada una de las especies que se citan aquí arriba (bastante feos, todo hay que decirlo):

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Ya hablaremos del episodio más interesante: nuestra relación con los neanderthales, de cerca de 40.000 años, y de los que parece que un 25% de la población europea es portadora de entre un 2 y un 4% de genes suyos en el propio genotipo:

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Homo Sapiens Sapiens y H. Sapiens de Neanderthal

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Pintura de Lascaux, del 15.000 a.C.

Mano de Australopithecus adulto

Mano de Australopithecus adulto

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